LA OTRA CARA DE FIDEL CASTRO
Por Orlando Atienza

Mucho se ha dicho y escrito sobre la personalidad desdoblada de Fidel Castro y de su megalomanía. Inclusive, personas allegadas a él cuenta que Fidel sufre de graves crisis, que se pasaba días tambaleándose y buscando a su alrededor algo que solo él veía. Que gritaba con aire extraviado: “¡No, a mi no!”, “¡no, a mi no!”, y que daba patadas en el piso chillando: “¡Ha venido aquí!”, gemía con su rostro completamente transmutado: “¡Ha venido por mi!”. Lamentablemente estas informaciones carecen de rigor histórico; quizás sean ciertas o quizás sean fruto de la fantasía desbordada de “alguien” que vio algo y lo exageró mucho, pero lo cierto es que en nuestro dossier no tenemos un documento como referencia, y por lo tanto no podemos corroborarla. Hay personas que con sus delirios privan de toda credibilidad.

Este tema me fascina, quizás por ser cubano y haber vivido como casi todos, rodeados de “deidades africanas, espiritistas, santeros y babalaos”, como vasos de agua, velas y ñáñigos. Desde luego, si miramos a Fidel Castro en sus discursos al pueblo cubano y estudiamos cuánto sabemos sobre él y los efectos que a veces provocaba en quienes lo conocían y especialmente en las masas, estoy convencido de que su personalidad se desdobla a voluntad como si fuera un auténtico “médium”.

Fidel posee todas las características psicológicas anómalas que favorecen a un “médium”. El se cree “el escogido”, “el superior”; él cree que es “el Yahvi” (Dios), no solo de los cubanos.

Castro arrastró al precipicio al alertado pueblo cubano que aunque con un historial corto, siempre se ha caracterizado por su inteligencia y sentido del humor. ¿Cómo fue entonces que caímos en sus brazos traicioneros, como si hubiéramos caído en un estupor?.

Lo que no se presta a especulaciones es el hecho que el se cree un ser superior igual que lo pensaba Adolfo Hitler. Fidel se guía en muchos eventos históricos queriendo imitar al “Sr. Lobo” (nombre con el que trataban a Hitler algunos de sus íntimos).

Fidel escribe “La Historia me Absolverá”, que sin duda es una copia al carbón del libro de Hitler “Meinf Kampf” (Mi Lucha) que a su vez una copia idéntica de unos artículos publicados por la Sociedad ‘Thule’, fundada por Rudolf Von Sebottendorff, supuesto barón llegado de Turquía, el cual, en el año 1933 los escribió.

Heinrich Himmles, odiado y temido jefe de las “SS” era practicante de rituales sobrenaturales. Otros muchos oficiales de Hitler pertenecieron a la “Orden de Thule” como Alfred Rosenberg, Dietrich Eckart y Rodof Hess.

Para nada debemos dudar que Fidel Castro Ruz se suicide, pero no un suicidio sencillo que sería lo más plausible de todos y que encaja perfectamente con su perfil psicológico, pero no será simple. Castro es demasiado teatral como para pasar de una manera sencilla al otro mundo. Las viejas vedettes necesitan ese último gran aplauso, para morir con una mueca revulsiva que indique su última sonrisa.

Sobre Fidel se pueden escribir libros y libros, ¡claro!, todos sobre su maldad insaciable contra el pueblo cubano. ¿Por qué ese odio atávico contra su propio pueblo?. El odio de Hitler contra los judíos es el caso de Klara, su madre; por lo menos es la conclusión más llamativa. Klara padecía de un cáncer de mama muy avanzado. Así se lo hizo saber al joven Hitler el Dr. Edgard Koch, tomando la decisión de amputar, pero la enfermedad no cedió. Entonces trató un último recurso y le suministró a Klara un tratamiento de gas con yodoformo , sin ocultar en ningún momento el riesgo de envenenamiento que tan agresivo tratamiento acarreaba. El tratamiento no funcionó, sino que aceleró la muerte de Klara.

¿Pudo ser este hecho el origen de las “cámaras de gas” y el Holocausto del pueblo judío?. No lo sabemos, pero lo que sí sabemos es que Castro, de forma científica y enajenada ha ido desfigurando y amargando al pueblo cubano durante casi 50 años. Ahora nos deja la herencia maldita de Raúl Castro, el cual está ávido de poder, de enseñar que él puede ser algo más que solo “el hermano de Fidel”, al cual le deseamos al fin descansar en su vasija. Cuando las heridas a un pueblo son tan profundas, ningún maquillista las puede ocultar con “boberetas” de última hora.


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